Ella padecía una grave enfermedad según sus médicos pero una píldora hizo que su vida diese un giro radical

Debido a los avances tecnológicos en medicina, hoy en día se puede evitar muchas confusiones como le ha pasado a mucha gente a lo largo de los años. Hay personas que viven mucho tiempo pensando tener una enfermedad incurable y al cabo de varios años se dan cuenta de que eso realmente no es así.

Jen Sharon, es una de estas personas que fue mal diagnosticada. Cuando ella tenía tan solo 5 años de edad, le diagnosticaron una enfermedad de la cual no iba a poder salir nunca: la diplejía espástica. Esta enfermedad está dentro de las parálisis cerebrales que hacen que la persona que la padece no pueda moverse de la cama e incluso tenga espasmos musculares.

A pesar de su diagnóstico, ella no se dio por vencida y continuó con su vida. Fue a la Universidad y unos años más tarde tuvo tres hijos con su marido. Ella vivía de forma normal dentro de lo que le permitía su enfermedad. Pero algo inesperado cambió su vida para siempre.

Ella padecía una grave enfermedad según sus médicos pero una píldora hizo que su vida diese un giro radical

En una de las muchas revisiones médicas que le hacían durante toda su vida, un médico se dio cuenta que en realidad no padecía la enfermedad que le habían diagnosticado desde que era pequeña, sino que se trataba más bien de distonía dopa-sensible. Esta enfermedad se trata de un desorden muscular extraño que se puede tratar gracias a una simple pastilla que tendrá que tomarse a diario.

Ella padecía una grave enfermedad según sus médicos pero una píldora hizo que su vida diese un giro radical

Ella padecía una grave enfermedad según sus médicos pero una píldora hizo que su vida diese un giro radical

Ella padecía una grave enfermedad según sus médicos pero una píldora hizo que su vida diese un giro radical

Gracias a estas pastillas, Jean ha podido seguir con su vida mucho mejor de la que se lo imaginaba. Incluso se podía poner de pie sin la ayuda de nadie y hacer muchísimas cosas que había olvidado. Jean está contenta a pesar de todo porque de no haber sido por este diagnóstico erróneo, no habría podido conocido a su marido y, por lo tanto, tampoco habría tenido a sus preciosos hijos.

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